LA RELACION CON TU HIJO

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Ya lo indiqué en el artículo REMAR EN LA MISMA DIRECCION – lo más importante es la relación que tienes con tu hijo. Hoy, tras cinco meses de nuevas experiencias y diversas situaciones vividas con mis peques, quiero centrarme en MI, y mi relación con los enanos. Os puedo asegurar que he pasado por momentos de hastío, de frustración, de enfado extremo, de desesperación… Y todo, por no haberme centrado en MIS SENTIMIENTOS y mucho menos en los de mis hijos. Voy a hacer retrospección y paso a contaros cómo mantengo ahora la “calma”, y mostraros qué situaciones me han pasado factura para llegar a tomar esta determinación. Espero que lo que os cuente, os sirva para anticipar y no cometer los mismos errores. De todo se aprende, pero si evitáis experiencias desagradables, creo que será mucho mejor para tí; superpadre.

DISFRUTAR DE CADA MOMENTO

La máxima que estoy aplicando para “serenarme” y no dejarme llevar por sentimientos negativos -sobre todo la frustración de que las cosas no salgan como uno desea-, es algo que he leído en numerosos libros:

“Disfrutar de cada momento como si fuera un regalo.”

NOTA: Ver artículo FRUSTRACION

Mientras escribo este artículo mis hijos me han interrumpido en numerosas ocasiones. La pequeña, con 14 meses, está empezando a andar por toda la casa y quiere encaramarse a mis brazos constantemente para ver lo que hago. El mayor, con 4 años, va más a su aire y lo único de lo que me preocupo, es de hacerle caso cuando reclama atención (los celos han empezado a aflorar y hablaremos de ello en otro post), que últimamente es bastante a menudo.

Para colmo, trabajo en casa y con la TV encendida a todas horas, me cuesta concentrarme.

ANTES

Ante estas situaciones, no hace mucho me habría enfadado con la pequeña, a la tercera o cuarta vez que se hubiera interpuesto entre yo y mi creatividad/teclado. Le habría indicado a mi hijo que se fuera a jugar a la habitación y me dejara trabajar tranquilo en el salón. (Luego me habría cabreado porque al rato, su habitación estaría desordenada por completo, claro). Todo ésto, con aspavientos, gritos, dedos en alto y amenazas de castigos/consecuencias varias.

AHORA

Ahora trato de serenarme. Pensar en disfrutar, como digo, y tratar de hacer las cosas de la mejor manera posible: Tanto para mí, como para mis hijos. Si la pequeña interfiere, la subo a mis piernas para que vea lo que estoy haciendo (entiendo que tendrá curiosidad por saber qué es eso tan importante que hace que pase de ella). La pongo a jugar con sus cosas y si veo que insiste, me voy con ella al suelo a jugar un poquito para que se ría. Tarde o temprano sé que le entrará sueño y pienso que tendré un ratito en la hora de la siesta para terminar lo que sea que esté haciendo.

Con respecto a lo de la TV. Trato de no prestarle mucha atención, pero también quiero saber qué es lo que ve mi hijo y de cuando en cuando le pregunto cosas para ver si está atento y saca algún aprendizaje de todo lo que ve. Si realmente el sonido me molesta, me pongo unos cascos en el portátil y me abstraigo.

CÓMO HE LLEGADO A ESTE ESTADO Y POR QUÉ FUNCIONA

Hace unos 4 días estaba en casa a cargo de los dos. Mi pareja estaba trabajando e iba a llegar a una hora en la que ya ambos deberían estar acostados. (ese DEBERIAN es doloroso y una losa para el disfrute real de los hijos-no le hagáis caso-). Muy eficientemente, le dí la cena a la pequeña y la acosté en la cuna… Pero ella no quería dormir, así que se puso a llorar. (…) Lloraba, lloraba y lloraba, y sólo se callaba si me acercaba a su cuna. Ella quería salir porque escuchaba a su hermano jugando en la otra habitación, pero con sólo quedarme ahí, ella ya se olvidaba y calmaba… PERO, en cuanto me movía, se alteraba y se ponía a llorar nuevamente.


Verme allí secuestrado por una enana, teniendo todavía que dar la cena a mi otro hijo; que encima estaba poniendo la habitación patas arriba…
Me estaba sacando de quicio.


 Finalmente, tras comprobar que los ruidos de los juguetes no dejaban dormir a mi niña, fui -furibundo-, a decirle al fiera que o recogía la habitación ahora mismo o se quedaba sin coches (que le encantan), durante 3 días si tenía que hacerlo yo. ERROR, hay que cumplir lo que se dice. – Vale, me quedo sin coches… Decidió el niño. Y ahí me ví yo, recogiendo todo mientras escuchaba a la pequeña llorando al lado… A medida que iba metiendo juguetes en los cajones, yo iba recordando su decisión al enano en alto, de malos modos… – Cuando me vengas a pedir los coches recuerda lo que estoy haciendo.  – No me llores cuando no te los dé. – Mira a tu hermana cómo llora por el ruido que estamos metiendo… etc. etc.

De repente, el silencio. (…) Cuando termino de recoger y voy a la otra habitación para ver si se ha dormido: Sorpresa. Me encuentro a mi niña, sentada en su cuna, toda ella vomitada. Producto de alguna arcada debida al llanto contínuo.


Y mientras limpiaba el vómito, percibí mi punto de inflexión donde decidí que estar enfadado y mostrar ira no conducía a ningún sitio deseable.


SER AMABLE NO SIGNIFICA SER TONTO

Y aquí, y tras muchas otras situaciones anteriores a ésta que también han acabado en gritos, lloros, lamentos; donde me he visto sobrepasado por mi enfado, me veo yo ahora, tratando de ser “bueno” con mis hijos en todo momento. Asumo que soy el reflejo donde ellos se miran y por si no lo sabíais, entended que son ESPONJAS que imitan todos nuestros comportamientos y ademanes. Ellos no van a entender todo aquello que les digamos (su vocabulario no se lo permite), pero sí captan nuestros gestos, ademanes y facciones; interpretando nuestros estados de ánimo e introduciéndolos en su particular forma de comunicarse.

Para mí, es importante entonces; mostrarme calmado, tranquilo y feliz, para que ellos también lo sean. Eso no significa que sea un pasota y/o permisivo con mis hijos. MUCHO OJO CON ESTO. Trato de que las cosas se hagan como se tienen que hacer, pero sin llevarme un mal rato y buscando la forma de que ellos aprendan las cosas, no porque se lo diga un mayor cabreado, sino porque poco a poco, comprenden el motivo de hacerlo de ese modo y no de otro.

Como decía, es importante la relación que establecemos con cada uno de nuestros hijos e independientemente de lo que ocurra en el ámbito de la pareja (la mía no comparte mi modo de ver las cosas), tenéis que pensar que ese NEXO es único e insustituible. Si dejamos que elementos externos nos influencien en lo que realmente queremos para con nuestros hijos, tarde o temprano te darás cuenta del error cometido y posiblemente, como me ha ocurrido a mí, hagas cosas de las que te termines arrepintiendo…

ESCUELA DE PADRES

En estos días veraniegos, voy a ver si repaso las notas del curso de “Escuela de Padres” al que asistí en Galdakao (y que ya han finiquitado), y comparto con vosotros técnicas y recursos (o al menos reflexiones), que ayuden a encontrar vuestra senda para optimizar la relación con los peques…


Creo que lo importante para con los hijos, no es que hagan lo que DEBERIAN -imponiendo nuestro criterio-; sino relacionarse sanamente con ellos, educándoles y mostrándoles esos “deberías” con nuestro ejemplo.


ARTICULOS VENIDEROS

Gracias por llegar a leer hasta el final este artículo. A medida que escribo me surgen otras ideas para próximos post. Si tú también tienes algún comentario que aportar para añadirlo a éste, o quieres que tratemos algún tema concreto, deja un comentario y hablamos… Con respecto al de hoy, me han surgido los siguiente titulares:

  • QUE ES UNA RELACION SANA CON TU HIJO.
  • TÉCNICA 1, 2, 3, PARA QUE SE HAGAN LAS COSAS.
  • COSAS QUE HAY QUE ASUMIR DE LOS HIJOS POR EL BIEN DE NUESTRA PSIQUE

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